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El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado (Lc 10, 15 – 16)… Porque aquel que lleva la Palabra de Dios, no es él quién habla sino es Cristo por medio de él, y es que Cristo Jesús nos dejó este encargo, vayan y anuncien el Evangelio a todas las naciones, y Yo permaneceré siempre con ustedes.

Si Dios envió a su Hijo Jesucristo y Jesucristo hizo todo cuanto el Padre le dijo, como nosotros no hacer todo cuanto Jesús nos manda? Y en aquel lugar donde nos reciban permanezcamos allí hasta el momento que nos toque marcharnos, pero en aquel lugar donde no nos reciban, sacudamos hasta el polvo de nuestras sandalias, porque no es a nosotros a quién rechazan sino a Cristo mismo, y a su vez al Padre quién envió a su Hijo Unigénito.

Por tanto, amados hermanos míos, llevemos siempre la Palabra de Dios a todos los lugares, vayamos siempre en busca de la santidad, y no nos desanimemos si algunas personas nos rechazan, al contrario, tomemos cada vez más fuerzas para seguir adelante en la misión que Cristo Jesús nos ha encomendado, para que más pueblos se salven por el Cuerpo y la Sangre de Aquel que nos ha amado tanto y nos ha dado un sin de Gracias para nuestra salvación.

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