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Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá (Lc 11, 9)… Que cosas no nos dará el Padre si nos ha dado incluso hasta la vida? Y si le buscamos, acaso no saldrá Él al encuentro? Y si le tocamos, no nos abrirá para que entremos en su presencia? Si nosotros que somos malos sabemos dar cosas buenas, mucho más el Padre que es bondad, ternura y amor, mucho más el Padre que nos ha creado y no nos quiere perder.

Y si Él ha sido nuestro creador, que no querrá para nosotros de bueno? Y si Él quiere para nosotros lo mejor, por que no tocar a su puerta? Por que no buscarlo? Por que no pedirle aquello cuanto necesitamos?

Por tanto, amadísimos hermanos míos, no dejemos de tocar a su puerta, no dejemos de salir a su encuentro, no dejemos de pedirle cosas buenas, porque Él quiere salir a nuestro encuentro, porque Él quiere abrazarnos, porque Él quiere amarnos, porque Él quiere que nos salvemos y vivamos siempre en Él, porque en Él está nuestra plenitud del amor, de la felicidad, de la dicha, de la esperanza.

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