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Ay de ustedes también, doctores de la ley, porque abruman a la gente con cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni con la punta del dedo! (Lc 11, 46)… Y quienes son los doctores de la ley? No somos acaso quienes señalamos a los demás juzgandolos por las cosas que hacen? Y juzgar a los demás no es lo mismo que juzgar a la propia ley? Y al juzgar la ley no imponemos cargas a aquellos que la quieren cumplir?

Pero la mejor ley es el verdadero amor, quién podrá juzgar al amor? Porque quién vive en el verdadero amor no es capaz de juzgar a nadie, al contrario, le corrige con amor, le enseña con amor, le ayuda con amor, porque quién vive en el verdadero amor no juzga sino que justifica, sino que intenta colocarse en la situación de los demás para sacarlos del error, para sacarlos del pecado, para sacarlos de la perdición.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, no seamos doctores de la ley, no impongamos cargas a las demás personas, al contrario, vivamos unidos a Cristo Jesús, quién por amor se ha querido entregar para salvarnos, ha querido dar su vida para justificarnos ante el Padre, ha querido entregar su vida para perdonar nuestros pecados y así no caer en las manos del maligno, sino para que tengamos vida en abundancia.

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