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Ay de ustedes, doctores de la ley, porque han guardado la llave de la puerta del saber! (Lc 11, 52)… De la puerta de la vida eterna, de la puerta de la paz, de la puerta del amor, de la puerta para el encuentro con Dios, y es que de allí dice el profeta: tengo que gritar, tengo que arriesgar, ay de mi si no lo hago, como no hablar si tu voz me quema dentro.

Porque a todos se nos ha dado esa llave, para anunciar la Buena Noticia a TODOS los pueblos, no para que nos quedemos con la salvación para nosotros mismos, sino para que todas las personas conozcan a Jesucristo y puedan llegar a la salvación; porque todos, ahora, tenemos acceso al amor, a la misericordia, a la bondad, a la vida, a la luz, a la salvación que antes no teníamos, y no es porque Dios no quería que la tuviéramos, sino porque el hombre mismo no habría esa puerta del saber.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, ya hemos recibido esa llave, no la escondamos para que nadie más la tenga, al contrario, abramos esa puerta del saber y demos a conocer a Aquel que nos ha amado y nos ha elegido para llevar el Evangelio a todos los pueblos, dejemos que nuestros corazones ardan en llamar vivas del Espíritu Santo y podamos así decir las mismas palabras del profeta, que esa Palabra nos queme para que nos produzca el efecto de anunciarla y no de ahogarla dentro de nosotros.

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