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Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a dónde pensaba ir (Lc 10, 1)… Nos envió de dos en dos para que no estemos solos, nos envió de dos en dos para que compartamos nuestras experiencias entre nosotros, nos envió de dos en dos para que podamos llegar a más personas y que el mensaje del Evangelio pueda llegar a tomar las naciones, para que el mensaje de salvación la puedan recibir todos los pueblos.

Porque Él no quiere que ninguna de las personas se queden sin el mensaje de salvación, porque no quiere que nadie esté fuera de la vida eterna, porque Él quiere todos los pueblos se salven, y por eso envía a su Iglesia a buscar a todas las personas, judías y gentiles, cristianos y no cristianos, justos y pecadores, para que creamos en Él que es el camino, la verdad y la vida.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, no dejemos de hacer aquello cuanto nos pide el Señor, aceptemos con gran amor y felicidad aquella tarea que nos ha encomendado, salir de nuestras casas, salir de nuestros templos, salir de los muros en dónde nos mantenemos encerrados y proclamemos con mucha fuerza, con mucha esperanza, con un amor desbordante el gran milagro que ha hecho el Señor con nosotros, entregarse en la Cruz para nuestra salvación y haberse querido quedar en un pedazo de pan para que lo podamos comer.

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