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Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios (Mt 22, 21)… Y que es aquello del César y que es aquello de Dios? Lo del César son aquellas cosas de este mundo, aquellas cosas que son vanas, aquellas cosas que sólo sirven de alguna manera para vivir, pero si le damos más importancia de la que tiene, las podemos endiosar; y aquellas cosas que son de Dios son las cosas que llevan nuestra alma, nuestro espíritu a la presencia de Dios, son las cosas que debemos hacer para llegar a la vida eterna.

Tanta razón tiene Cristo Jesús cuando nos dice, no pueden servir a Dios y al dinero, porque quién sirve al dinero lo endiosa y el verdadero Dios pasa a segundo plano, quién sirve al dinero no lo usa como medio de salvación sino de condenación, quién sirve al dinero su esperanza, su amor y su fe se apagan cuando éste se va, quién sirve al dinero cada día quiere tener más y más, y no se da cuenta que está perdiendo su vida en cosas vanas e inútiles.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, entreguemos nuestra alma a Dios, demos nuestro espíritu al Señor, sirvamosle con santidad y justicia todos nuestros días, demosle a Él todo cuanto es de Él, nuestros ayunos, nuestras oraciones, nuestros sacrificios, nuestra esperanza, nuestra fe, nuestro amor; porque todo nos viene de Él, porque todo se haya perfecto en Él, porque todo se está completo en Él.

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