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Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia (Lc 12, 13)… Pero Cristo Jesús no vino a ser juez por las cosas materiales, Cristo Jesús vino a redimir a los pecadores, y tampoco tendrá a ver quién almacenó más dinero y quién no, vendrá a juzgar según el amor que hemos compartido, el amor que hemos entregado a los hermanos, especialmente a quienes más lo necesitan.

No estamos en este mundo para atesorar dinero, ni bienes y cosas que realmente no nos llevan a ninguna parte, estamos en este mundo para amar y ser amados, para servir, para ayudarnos mutuamente, para hacer, no de nuestra vida, sino del prójimo, una vida llena de esperanza, una vida llena de fe, una vida llena de caridad.

Por tanto, amadísimos hermanos míos, no vivamos pendientes de las cosas materiales, no vivamos atribulados por las cosas pasajeras, más bien busquemos constantemente los bienes espirituales, busquemos constantemente la gracia que Cristo nos da en cada Eucaristía, busquemos constantemente alimentar nuestra alma y nuestro espíritu, comiendo y bebiendo el Pan de vida y el Cáliz de salvación.

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