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Al que mucho se le da, se le exigirá mucho; y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más (Lc 12, 48)… Porque no estamos en este mundo para acaparar las cosas, no estamos en este mundo para recibir y quedarnos con todo cuanto recibimos, porque no estamos en este mundo para tener todo para nosotros y nada para los demás.

La finalidad de vivir en este mundo es para que aprendamos a que no tenemos nada, y todo cuanto recibimos es para compartirlo con los demás, es para que, todo cuanto nos han empeñado y todo cuanto nos han confiado es para entregarlo a los demás, para que toda gracia que recibamos la compartamos con las personas que también lo necesiten, para que el conocimiento que podamos tener de Dios, lo comuniquemos a aquellos que no lo conocen.

Por tanto, amadísimos hermanos míos, si hemos recibido algo, no es para que lo guardemos únicamente para nosotros, es para que, por medio de nosotros, otras personas también se salven, otras personas también se conviertan, otras personas también amen, otras personas también sepan que el Señor los ama y dio su vida por ti, por mi, por ellos.

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