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Alegrense y salten de contento, porque su premio será grande en el cielo (Mt 5, 12)… Y es que no hay mayor recompensa que estar ya en la presencia del Señor, no hay mayor recompensa que vivir eternamente con la Luz, no hay mayor recompensa que adorar siempre cara a cara al Amor, porque no hay mayor recompensa que contemplar a Aquel quién nos dio la vida.

Y, como podemos llegar a vivir eternamente así, con esa recompensa? Cristo Jesús nos lo dijo ya, viviendo en este mundo las bienaventuranzas, siendo humildes de corazón, buscando la verdadera justicia, compartir nuestros bienes con los más necesitados, encarnar en nosotros el Evangelio, haciendo la voluntad del Padre, donar nuestra vida a su plan de salvación.

Por eso, mis amadísimos hermanos, las personas que realmente buscan la santidad, se acogen a esas enseñanzas de Jesús, se acogen a la Palabra de Dios, dan su corazón al Señor, procuran la paz, y llevan a quienes están a su alrededor al camino de santidad y justicia, porque no hay mayor recompensa que aquella que nos tiene reservada el Padre en el Cielo.

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