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Y si [tu hermano] te ofende siete veces al día, y siete veces viene a ti para decirte que se arrepiente, perdónalo (Lc 17, 4)… Porque, quienes somos nosotros para no perdonar a nuestros hermanos? Quienes somos nosotros para juzgar a los demás? Quienes somos nosotros para darle la espalda a quién se quiere reconciliar con nosotros? Y, no es cierto que quién ama perdona?

Y es que el mejor ejemplo que tenemos es al propio Cristo, que nos ha amado hasta el extremo, nos ha amado tanto que entregó su vida para salvarnos del pecado y de la muerte en dónde estábamos, nos ha amado tanto que ha querido quedarse en un pedazo de pan para que lo comamos todos los días, nos ha amado tanto que quiso dejar el sacramento de la reconciliación para perdonarnos no sólo 7 veces, sino 70 veces 7 al día.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, no vivamos en el odio ni en el resentimiento, vivamos en el amor, en la unidad, con humildad y sencillez de corazón, no guardemos rencor porque eso nos lleva al pecado y a la muerte, nos aleja del Señor, porque Él es el verdadero amor y no guarda resentimientos y siempre nos perdona nuestras culpas.

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