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El Reino de Dios no llega aparatosamente. No se podrá decir, está aquí o está allá, porque el Reino de Dios ya está entre ustedes (Lc 17, 20 – 21)… En efecto, podemos estar en el Reino de Dios aquí en la tierra cuando obramos el bien, estamos en el Reino de Dios cuando nos alejamos del pecado, estamos en el Reino de Dios cuando hacemos la voluntad del Padre, estamos en el Reino de Dios cuando asistimos a la Eucaristía.

Y especialmente cuando asistimos a la Eucaristía, porque no sólo Cristo se hace presente en el pan y el vino consagrados, sino que todos los ángeles y santos se hacen presentes para adorar a Dios Padre por medio del sacrificio de su Hijo Unigénito, Cristo Jesús, en la cruz; especialmente en la Eucaristía porque toda la Iglesia de Cristo se reúne en torno a su sacrificio, en el cual todos los bautizados participan de este magnífico misterio de salvación.

Por eso, mis hermanos amadísimos, mantengámonos haciendo el bien, vivamos la Sagrada Eucaristía, hagamos de Ella también nuestro sacrificio, hagamos de Ella nuestra oblación a Dios con un corazón contrito y humillado, uniéndonos a toda la Iglesia, vivamos cada momento de nuestras vida en una constante oración, y así podremos vivir en la tierra dentro del Reino de los Cielos.

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