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Jesús, hijo de David, ten compasión de mí! (Lc 18, 38)… Ten compasión de nosotros que somos pecadores, ten compasión de nuestras almas porque te buscamos dónde no estas, porque te buscamos en las cosas de este mundo y no usamos las cosas de este mundo para llegar a ti, te compasión de cada uno de nosotros que no te buscamos todo el tiempo sino cuando tenemos problemas.

Pero Tú, Señor, rico en misericordia y rico en piedad, te acercarás y nos tocarás el corazón, y lo convertirás de un corazón de piedra en un corazón de carne, y nos transformarás en hombres nuevos, y nos llenarás de tu Santo Espíritu, y todas nuestras enfermedades desaparecerán, y todas nuestras tristezas se irán, y todos nuestros fracasos quedarán en el pasado, porque en Ti está nuestra vida y nuestra salvación.

Por eso repetimos constantemente, Señor Jesús, Hijo de David, ten compasión no nuestra conciencia pecadora, ten compasión de cada uno de nosotros porque sin ti hacemos cualquier cosa sin importarnos el bien o el mal te eso pueda ser, de toda injusticia que podamos cometer, de toda indiferencia que podamos albergar en nuestro corazón.

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