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Oye, ahí afuera están tu madre y tus hermanos, y quieren hablar contigo (Mt 12, 47)… Y es que todo bautizado, que escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica, que vive el Evangelio día a día, que lleva la Buena Noticia al prójimo, que visita a enfermos y encarcelados, esos son los hermanos y esas son las madres de Jesús.

Pero es que toda persona, que escucha con el corazón la Palabra de Dios, y la siente verdaderamente parte de sí, proclama sin cesar la Buena Noticia; porque toda persona que siente realmente en su corazón el llamado de Dios a la vocación de hijos de Dios, al amor, a la santidad, busca la manera de hacer la voluntad del Padre, se entrega al prójimo incansablemente, se entrega sin medida al amor incondicional de Dios.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, busquemos incansablemente a Cristo Jesús, procuremos ese amor incondicional que nos tiene haciendo aquello que nos pide, perdonando a aquellos quienes nos ofenden y pidiendo perdón por las cosas buenas que hemos dejado de hacer y por la malas que hemos cometido, llevemos ese amor que Cristo nos ha dado a aquellos que sienten que no lo reciben.

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