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Yo les aseguro que cuando no lo hicieron con aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo (Mt 25, 45)… Y es que el Reino de los Cielos es de aquellas personas sencillas, humildes, pobres de corazón, de quienes son menos importantes para este mundo; y así es que los llaman porque en este mundo se hace diferencia por todo, especialmente por aquellos que no son útiles a la sociedad, aquellos que según la sociedad no aportan para el desarrollo de alguna comunidad.

Pero es que en el Reino de los Cielos no hay esa discriminación, allá todos somos iguales, sólo uno es el más importante, Dios, sólo uno es quién merece la alabanza, Dios, sólo uno merece el honor, Dios, sólo uno merece la gloria, Dios, porque sólo Él es el Rey de Reyes, porque sólo Él es el Señor de señores.

Por tanto, amadísimos hermanos míos, si queremos entrar en ese Reino de justicia, de amor, de paz, de perdón, de bondad, de misericordia, trabajemos por esas personas que la sociedad ha excluido, por esas personas que son insignificantes para este mundo, pero muy valiosas para Dios, trabajemos por aquellos que están en el olvido, y nuestra recompensa será grande en el Cielo.

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