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Vio también a una viuda pobre, que echaba allí dos moneditas (Lc 21, 2)… Colocando allí todo cuanto tenía, porque quién es pobre de corazón pone toda su confianza en Aquel que la creó, en Aquel quién le dio la vida, en Aquel quién la acompaña en todo momento sin dejarla sola.

Y es que, quién pone toda su confianza en Dios, todo le sobra y nada le falta, todas las cosas terrenales le estorban y en vez de usarlas para su perdición la usan para su santificación, ayudando a los demás, al prójimo, a la Iglesia, a su comunidad, porque quién tiene a Dios en su corazón los bienes terrenos no le hacen falta, porque quién tiene a Dios en su corazón ama sin desmayar.

Por tanto, amadísimos hermanos míos, pongamos toda nuestra confianza en Aquel que entregó su vida por nuestra salvación, pongamos nuestra fe en Aquel que quiso venir a este mundo para rescatarnos y salvarnos del pecado y de la muerte, vivamos entregando nuestro corazón a Cristo Jesús que nos ama infinitamente.

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