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No todo el que diga Señor! Señor!, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en los cielos (Mt 7, 21)… Y cual es la voluntad del Padre? Que quiere el Padre de cada uno de nosotros? Que nos amemos sin medida, que todo ese amor que Él mismo nos entrega cada día nosotros lo entreguemos a los demás.

Y cual es la voluntad del Padre? No es también llevar el Evangelio a todas las naciones? Y es que si llevamos la Buena Noticia a los demás, la debemos poner en práctica para que así pueda llegar eficazmente esa Palabra, para que con nuestro testimonio demos ejemplo de que es Cristo quién mora en nosotros y no nuestro egoísmo, nuestra indiferencia, nuestro desinterés.

Por eso, mis muy amadísimos hermanos, no nos quedemos con el hecho de ser bautizados, accionemos, pongamos en movimiento, hagamos la voluntad del Padre, no dejemos que la pereza y la desidia se apoderen de nuestros corazones, y llevemos el Evangelio del amor a las demás naciones.

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