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Pero ellos, al salir, divulgaron su fama por toda la región (Mt 9, 31)… Porque quién tiene un encuentro con Jesús no puede quedarse callado, el corazón se inflama y sólo habla de los milagros que hace en esa persona, porque quién tiene un encuentro con Jesús no tiene otra opción si no es la de proclamar sus maravillas, la de anunciar el Evangelio.

Y es que, cada vez que tenemos un encuentro con el Señor Jesús, cada vez que nos acercamos a Él, cada vez que lo buscamos con verdadera fe, con el corazón contrito y humillado, Él siempre hará que nuestro corazón se inflame, que nuestra alma grite a los cuatro vientos alabanzas a Él, nuestro espíritu reboza del amor que nos impregna su presencia.

Por eso, mis muy amadísimos hermanos, busquemos imperantemente a Cristo Jesús, pidamosle que tenga compasión de nosotros y que sane nuestras discapacidades, que sane nuestra ceguera espiritual para que podamos ver, reconocer, admirar su luz que llena nuestras vidas, para que podamos vivir en su amor, para que podamos alabar, glorificar y proclamar su grandeza todos nuestros días.

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