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La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos (Mt 9, 37 – 38)… Cual es la mies? El mundo entero. Cual es la cosecha todas las personas que vivimos en este mundo. Quienes son los trabajadores? Todo hombre y toda mujer que se ha puesto a la disposición del Señor, sacerdotes, religiosos y religiosas, hombres y mujeres consagrados, misioneros y misioneras, toda aquella persona que dedica su vida a trabajar para Dios. Y, quién es el dueño de la mies? Dios mismo, creador de todas las cosas, visibles e invisibles.

Son muchas las personas a quienes se debe llegar, son muchos los pueblos dónde se debe evangelizar, es a muchos lugares dónde se debe proclamar la Palabra de Dios, son muchas las familias que necesitan de alguien que les transmitan la fe en Aquel que vino a salvarnos, en Aquel que entregó su vida, siendo inocente, como sacrificio perfecto al Padre, en Aquel que nos ha amado tanto y nos perdona en cada momento.

Por tanto, mis hermanos muy amados, no dejemos de pedirle a Dios por trabajadores a sus campos, no dejemos de pedirle por las vocaciones sacerdotales, religiosas, consagradas y misioneras, no dejemos de pedirles para que esas vocaciones sean santas, no dejemos de pedirles por los sacerdotes, por los obispos, por el Papa, por los misioneros y los religiosos, para que no bajen la guardia y sigan ejerciendo su misión con santidad, sencillez y humildad.

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