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Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo (Mc 1, 8)… Juan proclamaba un bautizo de conversión, preparaba la venida inminente del Autor de la vida, preparaba al pueblo de Dios para que pudiera recibir al Mesías.

Y es que, para recibir al Señor, debemos preparar nuestro corazón, debemos arrepentirnos de los pecados que hemos hecho, debemos limpiarnos de aquellas cosas que no hacen bien a nvesti alma, debemos humillarnos delante de Él y reconocer que hemos actuado mal, debemos entregarle nuestro corazón arrepentido para que así le permitamos transformar nuestras vidas, porque, de que otra manera podemos recibir al Señor? No es con un corazón orgulloso ni altanero, no es con un corazón soberbio ni engreido, sino con un corazón humilde y amoroso.

Por eso, mis muy amadísimos hermanos, revisemos nuestro corazón, reconozcamos nuestros pecados, arrepintámonos de aquello malo que hicimos y de lo bueno que dejamos de hacer, y acerquémonos a la Santa Eucaristía humildemente, con un corazón dispuesto a ser transformado, para que el Señor pueda habitar en nosotros, para que recibamos al Señor con nuestra morada limpia y arreglada.

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