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Yo soy la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que me has dicho (Lc 1, 38)… Porque hacer que la Palabra de Dios se cumpla en cada uno de nosotros es aceptar esa Palabra primeramente y meditarla en el corazón, es reflexionar y vivir esa Palabra día a día, en cada acontecimiento que se nos presente.

Y que palabra tiene tanta fuerza como la Palabra de Dios? Que palabra perdura en el tiempo si no es la Palabra de Dios? Que hace cualquier palabra que no pueda hacer la Palabra de Dios? Incluso, la Palabra de Dios nos da fuerza, sabiduría, nos muestra el verdadero amor de Dios, cosa que cualquier palabra no hace.

Por eso, mis muy amadísimos hermanos, entreguemos nuestras vidas al Señor, permitamos que aquello que nos anuncian de parte de Él, se cumpla en nuestras vidas, entreguemos nuestro corazón al Señor, de la misma manera que lo hizo la Santísima Virgen María, y permitió que todo cuanto el Señor dijo se cumplió en ella, y la convirtió en la nueva Eva, que por medio de ella vino la salvación al mundo.

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