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Vengan a mí, todos lo que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré (Mt 11, 28)… No sólo por la carga del trabajo, no sólo por la carga del hogar, no sólo por la carga de la familia, sino también aquella carga que impone la sociedad, la carga de señalarnos como infieles, de señalarnos como mentirosos, de señalarnos como idolatras, de señalarnos como de vivir una vida dedicada a Dios, de no casarse antes de cierta edad, o de no tener hijos a tal altura de la vida, o de no tener pareja, o de no tener empleo, o de no tener una casa propia, o de no tener un auto.

Dejemos toda esa carga a Él, y sigamos trabajando por el Reino de los Cielos, sigamos trabajando por la paz, sigamos trabajando por el amor, porque todos cuantos estamos agobiados por la carga que nos oponen en este mundo Él mismo se encargará de que no nos afecte, Él mismo hará posible que no sea una carga para nosotros, sobre todo si nosotros recurrimos a Él, sobre todo si dejamos que Él se acerque a nuestro corazón y a nuestras almas.

Por tanto, mis hermanos muy amadísimos, no dejemos que las cargas que la sociedad nos impone no nos afecte, al contrario, entreguemosle esa carga a Cristo Jesús, pidamosle que nos ayude a seguir en su camino, no dejemos de trabajar por nuestra salvación, por la salvación de los demás, por el Reino celestial, pidamosle también a la Santísima Virgen María que nos enseñe a ser como su Hijo, Cristo Jesús, que nos lleve a su encuentro, que no permita que nos desviemos de su camino y que nos guíe en este mundo.

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