Etiquetas

Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios (Jn 1, 34)… Y es que todo bautizado experimenta continuamente el amor de Dios, y siempre que estemos experimentando ese amor infinito e incondicional, el Espíritu Santo nos impulsa a ser testigos de Cristo, nos impulsa a transformar nuestras vidas amando sin medidas a Dios y al prójimo.

Aunque todos nosotros podemos ver que tan grande es el amor que tiene Dios por nosotros, no nos queremos dar cuenta de ello, siempre que asistimos a la Eucaristía podemos ver el gran sacrificio que hace Cristo por nosotros, podemos ver como entrega su Cuerpo en la mesa del altar, podemos ver como derrama su Sangre en la cruz, podemos ver como se entrega a Sí mismo para abrirnos las puertas del Reino de los Cielos, podemos ver como siendo Dios se hizo uno más de nosotros, y pasando por uno de tantos se entregó para darnos nueva vida.

Por eso, amadísimos hermanos míos, demos testimonio de Cristo ante las demás personas, seamos imitadores de su vida, llevando su Palabra a todas partes, vivamos el Evangelio como Él mismo nos lo pide, amando a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

Anuncios