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Lo seguían grandes muchedumbres venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania (Mt 4, 25)… Porque todo quién escuche la Buena Noticia con un corazón abierto, con un corazón dispuesto para Dios, con un corazón humilde sigue a Jesucristo, porque sabe que Él lo curará de toda enfermedad, y no sólo de enfermedades físicas, corporales, sino también de toda enfermedad espiritual.

Y es que Cristo Jesús vino para sanar a los enfermos, a los enfermos del odio, a los enfermos de la soberbia, a los enfermos de los placeres, a los enfermos de la avaricia, a los enfermos del pecado para llevarnos a la luz, la luz que elimina toda oscuridad en la cual nos envuelve todas esas enfermedades, la luz que nos lleva por caminos de justicia, paz, amor, hermandad, solidaridad, comprensión, perdón.

Por tanto, amadísimos hermanos míos, llevemos el Evangelio a nuestros hermanos, no para que nos sigan a nosotros, sino para que encuentren y sigan a Cristo Jesús, quién es esa luz que santifica y llena de vida a todo hombre, para que sigan a Cristo Jesús, quién es el sol que nace de lo alto para iluminar a quienes vivimos en tinieblas y en sombras de muertes.

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