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Al desembarcar Jesús, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando, y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor (Mc 6, 34)… Cristo se compadeció de nosotros, no se entristeció de nosotros, al compadecerse de nosotros se puso en nuestro lugar y entendió por cuanto pasamos en esta vida, se dio cuenta que no teníamos a nadie quién nos guiara y Él sin pensarlo mucho tomó la decisión de guiarnos, se dio cuenta que teníamos hambre y sin dudarlo multiplicó los panes y los peces para darnos de comer.

Porque Él vino al mundo para enseñarnos que Dios no está lejos de nosotros, porque Él vino al mundo para decirnos, con sus acciones y con su Palabra, que Dios no es un dios de odio ni venganzas, sino que es el Dios del amor, es el Dios de la justicia, es el Dios de la paz, porque Él vino para hacernos ver que Dios estuvo, está y estará siempre con nosotros, amandonos, padeciendo junto a nosotros, muriendo con y por nosotros.

Por tanto, amadísimos hermanos míos, veamos el nacimiento de Cristo como lo que es, un acto de amor de Dios para con nosotros, fijemonos en las continuas manifestaciones de amor que nos ha mostrado todos los días, vivamos constantemente esa entrega que Cristo Jesús hace al multiplicar todo el tiempo el Pan que nos alimenta espiritualmente en la Eucaristía, que es su verdadero Cuerpo y su verdadera Sangre.

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