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Se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas (Mc 1, 40)… Se le acercó un leproso, que según las leyes judías, quién llegase a tocar un leproso quedaría impuro por siete días, tendría que vivir aislado de toda persona y evitar cualquier contacto con los demás, pero todavía así Jesús quiso tocar a este leproso, no para quedar Él impuro, o es que acaso la pureza perfecta se puede corromper y quedar impura? Acaso el Creador de las cosas no podrá reordenar las cosas?

Todo aquel que se acerque a Jesús con sinceridad, humilde de corazón, no se puede ir de la misma manera que llegó, todo aquel que le busca verdaderamente se va renovado, limpio, puro, lleno del amor que nos tiene, lleno de paz, lleno de la misericordia que proviene de Él, porque toda persona que se acerque a Él, por medio de los sacramentos (especialmente en la reconciliación) no puede ser el mismo, porque Cristo ha limpiado la lepra del pecado que cada uno de nosotros tiene, nos ha tocado porque se compadece de nosotros y quiere que estemos limpios.

Por eso, mis amadísimos hermanos, acudamos a Cristo Jesús con un corazón humilde, reconociendo la grandeza de Él, seamos partícipes de su misericordia, arrepintámonos verdaderamente de nuestros pecados, busquemos siempre su ayuda, y Él nos limpiará de nuestras inmundicias, nos limpiará siempre de nuestras enfermedades, nos limpiará siempre de nuestros pecados para que estemos limpios para recibirlo en la Eucaristía.

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