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A vino nuevo, odres nuevos (Mc 2, 22)… Sí echamos vino nuevo en odres viejos, estos odres terminan dañandose y rompiendose, para guardar el vino nuevo debemos usar odres nuevos, para aceptar y vivir el Evangelio debemos tener un corazón nuevo, no podremos entender el Evangelio con un corazón viejo, lleno de envidias, lleno de odio, lleno de rencor, lleno de injusticia, lleno de ira, lleno de amargura y de falsedad.

Y, quién puede darnos un corazón nuevo si no es Dios? Quién puede transformar nuestros corazones de obstinados y rebeldes a un corazón humilde y sencillo si no es Cristo Jesús? Sólo Él puede transformar nuestros corazones de piedras en corazones de carne, sólo Él puede hacer posible que dejemos de ser odres viejos y convertirnos en odres nuevos, para que su Palabra, para que su Evangelio, para que la Buena Nueva se encarne en nosotros, y el vino que se nos ha depositado sea para nuestra salvación y la de nuestro prójimo.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, dejemos que Cristo Jesús transforme nuestros corazones, dejemos que sus manos nos renueve y nos haga unas nuevas vasijas, dejemos que haga de nosotros un manantial donde puedan llegar las demás personas y nutrirse del amor que Dios nos ha dado y que Él les quiere dar a aquellos que están a nuestro alrededor.

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