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Le dijo al hombre: “extiende la mano”. La extendió, y la mano quedó sana (Mc 3, 5)… Porque el sábado es para que el hombre descanse de su jornada laboral, y eso no debe ser impedimento para ninguno de nosotros para hacer el bien, al contrario, este descanso es cuando podremos dedicarnos a hacer el bien a los demás, es cuando tenemos el tiempo disponible, sin trabajo, para dedicarnos a visitar enfermos, podemos dedicarnos a visitar a los encarcelados, podemos visitar a los huérfanos y ancianos, pero más aún, podremos visitar al Señor Jesús para que Él sane nuestros corazones entumesidos, nuestros corazones enfermos, nuestros corazones llenos de maldad.

Y para nosotros, los cristianos, no sólo tenemos el sábado sino también el domingo, día en que Cristo Jesús resucitó de entre los muertos, día en que se vio la gloria de Dios, día en que el sol ha nacido de lo alto para eliminar las tinieblas del pecado y de la muerte, día en que Cristo Jesús se les aparece a los Apóstoles mientras celebraban la Eucaristía, mientras compartían el pan entre ellos mismos y con los necesitados.

Por eso, amadísimos hermanos míos, no dejemos de hacer el bien en ningún momento, al contrario, busquemos espacios para hacer las buenas obras, aquellas obras te hacen ver la fe que tenemos, dejemos que nuestras obras hablen de nuestra fe, de nuestro compromiso de cristianos, de nuestro compromiso de hermanos, para que de esa manera podamos llevar la Buena Noticia del Evangelio a muchas más personas.

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