Etiquetas

Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré (Jn 2, 19)… Claramente que Cristo Jesús no se refería al templo de Jerusalén sino a su propio Cuerpo, donde cargó con todos nuestros pecados y así sepultarlos de una vez y para siempre; se refería a su Cuerpo como altar, donde se llevan las ofrendas a Dios Padre, donde se hace el sacrificio expiatorio por nuestros pecados, donde se colocan las primicias de nuestros trabajos y fatigas.

Y es que en la pasión de Cristo padecemos nosotros también, en la crucifixión también somos crucificados nosotros, en la muerte también morimos nosotros, y en la resurrección resucitamos nosotros con Él; porque padecemos en este mundo por lo pecados que cometemos, somos crucificados por el dolor que nos causa la acción pecadora, morimos a nosotros mismos en la confesión y resucitamos junto a Cristo en el bautismo, en la reconciliación.

Por tanto, mis hermanos amadísimos, entreguemos nuestras vidas al Señor Jesús para que vivamos esa pasión, crucifixión, muerte y resurrección, y al resucitar con Cristo seamos hombres y mujeres nuevos, con un corazón que piense como Dios y no como hombres, porque la humanidad necesita hombres y mujeres que vivan como Dios quiere y no como nosotros queramos.

Anuncios