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Jesús le dijo: “Si no ven ustedes señales y prodigios, no creen” (Jn 4, 48)… No creemos porque no queremos, son muchas las señales que nos coloca Dios en nuestras vidas, desde el momento de nuestra concepción ya Él nos ha venido dando señales y prodigios, ya desde el seno materno Él ha querido hacer uno de los milagros mas grandes, y es el milagro de darnos la vida.

Y es así, que estando aún Cristo con sus discípulos, como Santo Tomás es modelo de la incredulidad cuando dice: “si no veo en las manos los agujeros de los clavos y si no meto mi mano en su costado, no creeré”, después de haber compartido con Jesús por tanto tiempo, después de haber presenciado tantos milagros, después de haber alimentado a tantas personas, siguió incrédulo.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, abramos los ojos de nuestro corazón, creamos verdaderamente en Aquel que ha entregado su vida para salvarnos de nuestra esclavitud, que ha entregado su vida para reconciliarnos con el Padre y perdonándonos los pecados, y veamos como hace posible el Gran Milagro de la transustanciación para hacerse presente en medio de nosotros.

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