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Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo (Mt 1, 16)… José, quien no engendró a Jesús pero fue un padre ejemplar, quien tuvo como tarea educar, alimentar, enseñar al Hijo de Dios; José quien no dice palabra alguna en las escrituras, pero sus obras hablan por sí solas; José, descendiente de David, varón justo, honesto, trabajador, obediente, temeroso de Dios, de un linaje real pero humilde delante del Señor.

Son muchas las cosas que pudiéramos decir de José, son muchas las gracias que recibió por el simple hecho de haber criado a Aquel que le dio la vida, de haber educado en la fe a quien él creyó desde niño, de haber alimentado a quien le dio de comer, de haber protegido a quien lo cuidó desde el momento de su concepción; que admirable labor la de José y que incalculable gracia la que recibió y que goza en el Reino de los Cielos!

Por eso, mis amadísimos hermanos, la Iglesia lo constituyó su patrono, por ser un padre ejemplar, un modelo a seguir de educador en la fe, una figura de trabajador digna de elogiar, un perfecto cumplidor de la Ley de Dios; por tanto, no dejemos de imitar su vida, sigamos sus enseñanzas, y pidamosle que interceda por nosotros ante su Hijo Jesucristo para nuestra conversión y santificación.

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