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Algunos de los que habían escuchado a Jesús comenzaron a decir: “Este es verdaderamente el profeta” (Jn 7, 40)… Porque el Espíritu Santo les ha hablado, pero no entendieron bien aquello que les dijo, mientras que otros verdaderamente entendieron y lo proclamaron como el Mesías, porque eso es realmente el Señor Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios, enviado para darnos la Buena Noticia, para salvarnos de la esclavitud espiritual en donde estamos.

Aunque hay otros que lo señalan porque no quiere reconocer su verdadera condición, se niegan a aceptar que Él es el verdadero Hijo de Dios, no quieren aceptar aquello cuanto el Padre del Cielo les ha revelado, aquello que el Espíritu Santo les ha dicho, aquello mismo cuanto el Hijo les ha manifestado; muchas veces queremos estar tan ciegos para no ver las maravillas que ha hecho el Señor en nosotros.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, no dejemos que nuestro corazón se vuelva un corazón de piedra, sigamos acudiendo a Él que hace posible que nuestra vida se transforme al amor, al perdón, a la reconciliación, a la unión; comuniquemonos con Dios, el nos escucha y nos habla a través de su Palabra, de los acontecimientos y a través, también, de las personas, y no seamos de aquellos que no quieren ver a Dios en nuestro alrededor.

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