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El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba (Jn 20, 1)… Toda una semana meditando acerca de la Pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, toda una semana escuchándolo, viviendo con Él, viendo sus prodigios y milagros, y aún así no creemos verdaderamente en su Palabra.

Cristo Jesús, quiso morir, dejarnos su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad en la Santísima Eucaristía, quiso quedarse en ese pedazo de Pan Único para que sigamos estando en comunión con Él, y así entregando su Cuerpo hace la ofrenda perfecta a Dios Padre para reconciliarnos con Él de una vez y para siempre.

Cristo Jesús tuvo que morir realmente para que el Padre lo pueda glorificar verdaderamente, ciertamente murió en la cruz para darnos vida en abundancia, tuvo que ser sepultado para que en su sepultura también sean enterrados nuestros pecados, para que así, al tercer día, el Padre lo levantara de entre los muertos, teniendo un Cuerpo glorioso, teniendo un Cuerpo incorrupto, teniendo un Cuerpo como el que Dios nos creó en el principio.

CRISTO HA RESUCITADO!
VERDADERAMENTE HA RESUCITADO! ALELUYA!

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