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Y les dijo: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios y el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto” (Lc 24, 46 – 48)… Somos testigos de la gloriosa resurrección que tuvo Cristo Jesús de entre los muertos, somos testigos porque sabemos que necesitamos de Dios, porque necesitamos reconciliarnos con Él, porque necesitamos ser perdonados de aquellas cosas que hacemos y no está bien o de las cosas buenas que dejamos de hacer, o de las cosas malas que pensamos, o de las cosas malas que decimos.

Somos testigos porque el Señor se nos aparece en cada momento, en cada acontecimiento de nuestra vida, en cada segundo que pasa, pero somos nosotros quienes no lo queremos ver, somos nosotros quienes nos tapamos los ojos o nos hacemos los ciegos pero somos nosotros quienes lo ignoramos y nos hacemos de la vista gorda.

Por tanto, mis hermanos muy amadísimos, vivamos plenamente la resurrección junto a Cristo Jesús, no tengamos miedo a dar la vida por Él, seamos verdaderos testigos de esa resurrección de la cual participamos, testigos de esa resurrección a la cual Él mismo nos invita a vivir, a celebrar, a proclamar a todas las naciones.

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