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Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mi (Jn 6, 57)… Porque cuando comemos y bebemos el Cuerpo y la Sangre de Cristo, lo hacemos para que se quede en nuestros corazones, desde ese momento en adelante nosotros decidimos cuanto tiempo se quedará dentro de nosotros, nosotros decidimos cuando se va de nuestros corazones.

Y es que, Él vino para quedarse en nosotros, porque nos quiere dar la vida eterna, porque quiere que tengamos vida en abundancia, porque quiere que vivamos para siempre, no que muera nuestro espíritu, y estando Él dentro de nosotros, podremos llevar la Buena Noticia a las demás personas, a aquellos que no conocen a Dios, a aquellos que no han podido tener una experiencia personal y directa con Aquel que nos ha dado la vida.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, comamos el Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo con profunda devoción, bebamos su Sangre llenos de fe y de esperanza, porque de Él es el universo, de Él son todas las cosas creadas, de Él vienen todas las cosas que tenemos, y para Él deben ir dirigidas todas nuestras oraciones.

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