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No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido (Jn 15, 16)… Él ya nos conoce, incluso, antes de nacer, ya desde el vientre de nuestra madre nos ha formado y nos ha elegido para ser parte de su pueblo santo, nos ha introducido desde antes de nosotros tomar conciencia en la Jerusalén Celestial, porque nos ama y quiere que nosotros sigamos en Él porque quiere nuestra felicidad.

Nos ha elegido, no porque seamos buenos y santos, no; nos ha elegido para que quienes no creen en Él vean como su gracia es mucho más grande que nuestros pecados, para que quienes no crean en Él comprendan que hay un sólo Dios, creador del cielo y de la tierra, que hay un sólo Dios que ha enviado a su Hijo unigenito porque nos ve perdidos y sin rumbo fijo.

Por eso, mis amadísimos hermanos, amemonos unos a otros, tal como nos lo expresa Cristo Jesús, perdonemonos nuestras faltas mutuamente, por Él vino para amarnos, no vino para juzgarnos, vino para reconciliarnos no para condenarnos, vino para llevarnos a la casa del Padre no para cerrarnos las puertas del cielo, vino para que tengamos vida en abundancia.

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