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En el mundo tendrán tribulaciones; pero tengan valor, porque yo he vencido al mundo (Jn 16, 33)… Él ha vencido la muerte, Él ha ganado la batalla contra el enemigo, contra quien nos acusa ante el Padre día y noche, porque con su resurrección ha abolido la esclavitud y nos ha dado nueva vida, una vida llena de esperanza, una vida llena de verdadero amor.

Y es que las tribulaciones siempre las tendremos, porque siempre nos criticarán, siempre estaremos en la mira de todas las personas, pero debemos tener siempre en cuenta que no estamos solos, Cristo Jesús está en medio de nosotros, ha subido al Cielo, no para abandonarnos sino para ser nuestro abogado, pero a la vez se ha quedado en la tierra, en el Pan Eucarístico que se nos da en la Santa Misa, allí está en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad para que lo podamos alabar y adorar.

Por tanto, mis amados hermanos, si sentimos que decaemos, si sentimos que no tenemos fuerzas para seguir, busquemoslo en el Santísimo Sacramento, busquemoslo en el sacramento de la reconciliación, invoquemoslo siempre antes de dormir, oremos con Él continuamente, porque Él siempre nos escucha, y siempre responde a nuestras oraciones.

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