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Jesús respondió: “Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermano o hermana, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres e hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna (Mc 10, 29 – 30)… Y es que Dios no deja de cumplir su promesa; que hizo Abraham? Dejó su familia para seguir al Señor; que hizo Moisés? Dejó atrás a la familia que lo habían acogido; y que recibieron ellos? Abraham sigue recibiendo la promesa de tener una descendencia innumerable como las estrellas del cielo e incontable como las arenas de la playa, y Moisés llegó a ver de lejos la tierra prometida.

Y que hizo María? Acaso fue ella la excepción? Antes de estar casada completamente con José, se abandonó en los brazos del Espíritu Santo, y cual ha sido su recompensa? Es la madre del Mesías, es la madre de todos los cristianos, la madre de cada uno de nosotros que la acogemos y le damos un lugar especial en nuestras vidas, y aunque no lo hiciéramos, seguiría siendo nuestra madre protectora.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, acojamos con el corazón la Palabra de Dios, nos llama a dejar todo por Él, porque su paga es mucho mejor que la paga que da el mundo, luchemos y defendamos el Evangelio, entreguemos nuestras vidas a la Buena Noticia y seamos portavoces de ella.

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