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Llegada la hora de cenar, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: “Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes” (Lc 22, 14 – 15)… Y en esta última cena la convirtió en su sacrificio por la humanidad, en esta última cena se convirtió en sí mismo en sacerdote, víctima y altar, y de esa manera hizo un nuevo sacerdocio, no como en el antigua alianza donde se sacrifican animales por expiación por los pecados del hombre, sino que se ofreció a sí mismo.

Y, hoy en día, cada sacerdote actualiza esa misma última cena, esa última cena que viene a ser la primera y única Eucaristía; cada sacerdote en esta Eucaristía, al igual que Cristo Jesús, se ofrece a sí mismo por sus pecados y los pecados del pueblo de Dios; cada sacerdote entrega por completo su vida y al mismo tiempo a la humanidad en este sacrificio de amor.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, no dejemos nunca de orar por los sacerdotes, oremos mucho también por las vocaciones al sacerdocio, por todos aquellos que sienten el llamado del Señor para compartir su ministerio con los elegidos, para que sean sacerdotes santos, según el corazón de Cristo Jesús.

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