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Y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo (Mt 28, 20)… Es una promesa que nunca ha dejado de cumplir y no lo dejará de hacer, porque ha elegido a hombres para que lleven su mensaje, ha elegido hombres para mostrarnos su gloria y majestad, he elegido a hombres para que seguir realizando el Gran Milagro Eucarístico.

Y es que allí, en la Eucaristía, es donde podemos adorar el Cuerpo, la Sangre, el alma y la Divinidad de Cristo Jesús, y es a la vez el sacrificio perfecto al Padre, que sólo el Hijo podía entregar para reconciliarnos con el Padre, sacrificio en el cual participamos cada uno de nosotros en la Santa Misa, participamos cuando nos centramos en ella, cuando estamos atentos a cada parte de ella.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, no dejemos de participar en la Eucaristía, vivamosla de lleno y con el corazón, ya que en ella no sólo participamos nosotros sino también todos los santos y los ángeles, adorando a Dios uno y trino, al Dios que hace tanto por nosotros y que nos quiso escoger como parte de su pueblo santo.

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