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Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ustedes hagan oración, no hablen mucho” (Mt 6, 7)… Al contrario, deja que Dios Padre hable a tu corazón, porque la oración no consiste en decir palabras al viento, consiste en entablar una conversación entre Dios y nosotros, la oración no consiste en pedir y pedir, la oración es el acto íntimo entre Dios y el hombre.

Por eso que la oración personal no se debe hacer para que todo el mundo nos vea, sino que hagamos la oración en nuestro cuarto, donde nadie nos ve, y allí es donde se manifiesta mayormente la bondad de Dios, es en la oración personal donde podemos escuchar claramente aquello que el Señor nos pide que hagamos; eso sí, no podemos dejar a un lado la oración comunitaria, y en especial la Eucaristía, que es el culto por excelencia al Padre, que es la manifestación de amor perfecta del Hijo y donde nosotros participamos de esa entrega amorosa entre Dios y los hombres.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, no dejemos de orar al Padre, mantengámonos firmes en la oración, mediante ella el Creador nos da fuerzas para seguir adelante, mediante ella el Espíritu Santo se manifiesta en nosotros, mediante ella tendremos el valor de imitar a Cristo, mediante ella sabremos que quiere Dios para cada uno de nosotros.

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