Etiquetas

De pronto se le acercó un leproso, se postró ante él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes curarme” (Mt 8, 2)… Fue una oración muy sencilla la que hizo el leproso, simplemente reconoció que Jesús es el Hijo de Dios, se humilló delante de Él, reconociendo así su condición humana, pecadora, débil, sin fuerzas, y colocándose en las manos de Señor, “si quieres, puedes curarme”.

Y es que nuestro Señor Jesús tuvo misericordia con el leproso, lo tocó, cosa que ningún judío hace ante un enfermo de lepra, pero Cristo sanó a esta persona tocándolo, haciéndole ver no sólo que es el Hijo de Dios, sino que es un Dios compasivo, misericordioso, bondadoso, generoso, amable, que no desea nuestra muerte sino que nos reconozcamos pecadores y débiles, pero con humildad delante de Él, con sencillez, sin apariencias.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, reconozcamos que somos pecadores, reconozcamos nuestra debilidad delante de Aquel que conoce nuestros corazones, pero con sencillez y humildad delante de Él, reconozcamos nuestra enfermedad que Él quiere recibirnos con los brazos abiertos y curarnos nuestras heridas, quiere vernos con amabilidad, con amor, con misericordia, para lavar nuestras llagas impuras, y así podamos presentar a Dios nuestra ofrenda con un corazón limpio, contrito y humillado.

Anuncios