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El oficial le replicó: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa; con que digas una sola palabra, mi criado quedará sano” (Mt 8, 8)… La fe de este soldado romano sobre pasa todas las cosas, cree plenamente en el poder que tiene Cristo Jesús para sanar a los enfermos, y es tan grande esta fe que no es necesario que nuestro Señor toque al enfermo, tan solo con pronunciar una palabra el criado del soldado estaría curado.

Y con esta enseñanza podemos ver como la Palabra de Dios da vida, como la Palabra de Dios, si la escuchamos con un corazón abierto, dispuesto y presto para recibir el mensaje de salvación, es capaz de curar todas las heridas, es capaz de perdonar todo pecado, es capaz de limpiar toda suciedad e inmundicia que albergamos en el espíritu, podemos ver como la Palabra de Dios penetra en los huesos, nos hace ver nuestra realidad y nos hace reconocer que no somos dignos de que el Señor Jesús entre en nuestras vidas.

Por eso, mis amadísimos hermanos, ya que Cristo Jesús quiere entrar en nuestras vidas, dejemoslo pasar, abramosle las puertas y las ventanas de nuestro corazón, porque Él quiere limpiarnos de todo pecado, Él quiere purificar nuestras almas, el quiere transformar nuestras vidas, sanar nuestras heridas y curar toda enfermedad que tengamos.

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