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Los discípulos lo despertaron, diciéndole: “Señor, sálvanos, que perecemos!” (Mt 8, 25)… Así es la angustia que sentimos cuando nos sentimos alejados del Señor, sabiendo que Jesús se ha embarcado con nosotros en esta vida, esta a nuestro lado, nos acompaña en nuestro caminar por este mundo, y aún así sentimos miedo porque pareciera que Él estuviera dormido.

Nos sentimos atribulados por los embates de la vida, por las calamidades que pasamos, por el trajinar el día a día de este mundo que nos exige mas y mas cada día, pero nos sentimos así porque nos hemos alejados de Dios, nos sentimos así porque nos dejamos arrastrar por los vaivenes de la vida que se ha hecho la sociedad, y no vemos que Cristo Jesús está a nuestro lado, y que con Él podemos afrontar todas esas adversidades que se nos presenta.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, busquemos siempre la ayuda de nuestro Dios, busquemos siempre a Cristo Jesús nuestro Redentor, por quien han sido creadas todas la cosas, visibles e invisibles, Él siempre nos sacará de nuestras adversidades y dejará dentro de nuestro corazón en una calma y tranquilidad total, porque a Él toda creatura en el cielo, en la tierra y en el abismo dobla la rodilla.

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