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Tomás le respondió: “Señor mío y Dios mío!” (Jn 20, 28)… Por qué Tomás responde de esa manera? No pudo haberlo hecho desde antes? No, tuvo que ver al Señor Jesús muerto, primeramente, y luego resucitado luego, para que Tomás entendiera realmente que estaba con el verdadero Hijo de Dios, tuvo que pasar eso para que él pudiera caer en cuenta que tuvo siempre un lugar privilegiado.

Pero, dichosos aquellos que creen en Jesús, que creen en Dios Padre, sin haber visto, que creen en Jesús porque simplemente hayan aceptado el mensaje de salvación que algún hermano le haya anunciado, dichosos quienes no necesitan ver las heridas en el cuerpo, dichosos quienes no han pedido ver las llagas pero igualmente cree en el Señor Jesús.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, no seamos incrédulos como Santo Tomás, vivamos nuestra fe con mucho valor y entrega, seamos portavoces del la Palabra que realmente edifica, para que las demás personas se puedan salvar, para que esas personas puedan albergar en sus corazones.

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