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El vino nuevo se echan en odres nuevos y así los dos se conservan (Mt 9, 17)… El vino nuevo es la Palabra de Dios encarnada en Cristo Jesús, y los odres somos cada uno de nosotros, y para que esa Palabra de Dios se conserve en nosotros, debemos dejarnos amar por Cristo, debemos dejarnos moldear por Dios, debemos dejar nuestra vida pasada y ser hombres y mujeres nuevos.

Qué pasaría si escuchamos a Cristo Jesús, pero nuestras vidas no se transforman? Esa Palabra no se queda en nosotros, sino que se pierde, no llega el mensaje como debe ser, o mejor dicho, no es aprovechado, porque ese vino ha caído en un odre incapaz de resistir ese vino.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, dejémonos transformar por la Palabra de Dios, dejémonos amoldar por el Creador, quien es capaz de convertir nuestros corazones de piedra en corazones de carne, y así, al dejarnos amoldar a la obra de Dios, a su Palabra, a sus enseñanzas, va a ser posible que pasemos de ser recipientes viejos y débiles a ser nuevos y resistentes recipientes que podrán mantener intacta la Palabra de Dios en nuestras vidas.

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