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Entró Jesús, tomó a la niña de la mano y ésta se levantó (Mt 9, 25)… Siempre que Jesús entra en nuestra casa, siempre que le abrimos las puertas de nuestro corazón, nos toma de la mano para sacarnos de la muerte donde estamos inmersos, nos toma de la mano para demostrarnos el gran amor que nos tiene.

Y es que nos toma de la mano para que estemos seguros, para que sintamos su cercanía hacia nosotros, porque Él no quiere que muramos para siempre, sino que vivamos eternamente en Él y para Él, quiere que seamos felices, y la felicidad de todo ser humano estará siempre en Cristo Jesús, ya que el Padre quiso hacer todas las cosas, visibles e invisibles para que todos lo adoremos como verdadero Dios y como verdadero hombre.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, vivamos siempre unidos al amor de nuestro Señor Jesucristo, recordemos siempre que Él quiere mantenernos unidos a Él, que siempre que nos caemos, allí está para levantarnos, que siempre está allí para perdonar nuestras faltas, que siempre está allí para curar nuestras heridas, siempre está allí para sacarnos del abismo del pecado y de la muerte.

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