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Todo el que cumple la voluntad de Padre, que está en los Cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre (Mt 12, 50)… Porque todo aquel que escucha la Palabra de Dios con el corazón, la pone en práctica, y así, podrá hacer la voluntad de Padre, sino, como podría hacer la voluntad de Dios si no le escuchan? Como podría cumplir esa voluntad si no tiene su corazón abierto a su Palabra?

Y es que su Palabra se hizo carne para salvarnos de la esclavitud, esa Palabra de Dios es el mismo Cristo Jesús, que quiso hacerse hombre como nosotros para ofrecerse a Sí mismo, para nuestra salvación, sin tener pecado se ofrece por los nuestros, sin tener mancha alguna se entrega para lavar las nuestras con su Sangre.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, escuchemos la Palabra de Dios, abrámosle nuestro corazón, dejemos que inunde nuestra vida de su misericordia, para así poder hacer la voluntad de Dios Padre, dejemos que su infinito amor y el Espíritu Santo nos haga clamar a Dios “Abba” (Padre).

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