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Lo sembrado en tierra buena, representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto (Mt 13, 23)… No solamente oyen la Palabra de Dios, sino que la meditan, la oran, la reflexionan, la viven desde el corazón, para que así esa Palabra pueda dar fruto abundante, para que así todas las personas puedan ver aquello que la Palabra de Dios puede hacer en cada uno de nosotros.

Esa es la tierra buena, la que permite que la Palabra de Dios penetre hasta lo más profundo del corazón, la que deja actuar a la Palabra de Dios dentro de sí, la que riega constantemente esa Palabra de Dios y no deja que se muera, la que se ha dejado preparar por el Señor para que su Palabra pueda echar raíces profundas y no pueda ser arrancada fácilmente de esa tierra.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, escuchemos atentamente la Palabra de Dios, dejemos que esa Palabra renueve nuestros corazones para que podamos dar frutos abundantes, dejemos que la Palabra de Dios se enraice en nuestras vidas para que esa misma Palabra pueda ser proclamada a todas las naciones por medio de nuestros comportamientos, por medio de nuestras acciones, por medio de nuestra manera de hablar y compartir con nuestro prójimo.

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