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Señor, hijo de David, ten compasión de mí (Mt 15, 23)… Una breve oración que nos invita a reconocer a Jesús como el Mesías, como esa personas que el Padre enviaría para salvarnos, para librarnos de la esclavitud, de una esclavitud que va más allá de tener puesta unas cadenas o unos grilletes, vino para liberarnos de la esclavitud que llevamos en el corazón, una esclavitud a los malos apegos, al pecado, al libertinaje.

Esta oración nos invita a llamar a Jesús compasivo, a que tenga compasión de nosotros, no a tenernos lástima, sino a que sienta cuánto estamos sintiendo, que se coloque en nuestro lugar por un momento; ésta súplica también nos hace ver lo apartados que estamos de Dios, no hace ver que lo soberbios que podemos ser porque no buscamos ayuda sino hasta cuando no tenemos salida.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, reconozcamos en Jesús, el Hijo del Padre, su amor para con nosotros, reconozcamos verdaderamente su divinidad y su humanidad, que siempre está y estará a nuestro lado, que siempre escucha el clamor de su pueblo, y no dejemos de pedirle ayuda, porque Él siempre sabe todo aquello que nos sucede.

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