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Quien soy yo para que la Madre de mi Señor venga a verme? (Lc 1, 43)… Quien soy yo para que la Madre de Dios venga en pos de mí? Quien soy yo para que tan grandiosa majestad venga a auxiliarme? Porque la Santísima Virgen María ha creído y ha aceptado aquello cuanto el Espíritu Santo ha hecho en ella, quedar en cinta del Padre Celestial, del Creador de todo cuanto existe.

Y es que Dios la preservó de todo pecado, de toda mancha, de todo mal, porque su Hijo debía nacer de una mujer incorrupta, debía nacer de una mujer sin pecado, de una mujer con un corazón humilde, de una mujer obediente a la Palabra de Dios; y es que Dios la escogió desde siempre, y la honró desde siempre y la preparó desde siempre, porque de su seno quería que llegara la salvación de la humanidad.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, si la Madre de Dios nos visita, aceptemosla, abrámosle las puertas de nuestro corazón, porque ella, con su humildad y sencillez, nos llevará a su Hijo Jesucristo, porque ella viene en nuestro auxilio para que no nos perdamos en este mundo, para traernos al Salvador de nuestra vida y nuestro espíritu.

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